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Prólogo "Hago el amor conmigo misma"

Actualizado: ene 16

Por Damsi Figueroa Verdugo y Noelia Figueroa-Burdiles


“Hago el amor conmigo misma” reúne poemas escritos entre 2003 y 2020, en su mayoría publicados en diversos títulos que se materializaron principalmente en plaquette y fanzine que la autora difundió en sus periplos poéticos y performancistas. Como nosotras, muchas otras lectoras y lectores voraces, quedamos deseosos de más poesía, de chorros abundantes de poesía, de la pegajosa, ácida y lacerante poesía de Eli Neira.

No es desconocido que la escritura de mujeres ha sido poco difundida. Menos difundida aún es la escritura de mujeres periféricas, que desde ese lugar/no lugar se enfrentan a las contradicciones culturales y humanas que atraviesan el campo del arte. Eli Neira materializa esta rebeldía desde el reconocimiento del cuerpo y la sexualidad, construyendo una crítica al modelo heteronormativo que sostiene sus fundamentos exclusivamente en la sexualidad masculina. Este modelo es el que ha producido muchas de las opresiones que sufren las mujeres y las disidencias en todo el mundo. La crítica de Eli Neira es descarnada, porque transita desde su propio sentir atormentado por el amor romántico, hasta la más cruel de las experiencias de violación. Experiencias que al mismo tiempo, como relata Virginia Despentes en su teoría King Kong, producen las armas del lenguaje que desplegarán el empoderamiento sexual combativo y mediático dentro del campo de las relaciones patriarcales y heternormadas. Juego siempre arriesgado en la medida que da tiempo y espacio para que el opresor perfeccione sus armas, minuciosamente creadas desde tiempos inmemoriales.

Cuando se habla del amor en occidente no se duda en citar a un viejo Catulo delirante de celos que retrata en inmortal poema las mil felaciones que su amada Lesbia confiere uno por uno a todos los soldados de Roma. Esta retorcida visión del amor lleva dos mil años instalada en la mente del patriarcado, el sentido de posesión irracional del cuerpo amado y el carácter desechable de este mismo cuerpo abre las puertas de la misteriosa (porque el mal encierra un misterio tan grande como cualquier gracia o don), relación entre placer y violencia. Develar en un cuerpo poetizado las marcas de esta violencia histórica, es un ejercicio de justicia poética. Porque desde la experiencia del cuerpo amado y desechado, deseoso y mal deseado, proscrito e irredento, nace la conciencia de toda injusticia, íntima y social, política, vital al fin y al cabo.

No basta una sola lectura de este libro para comprender los procedimientos que pudieran revelar los actos de justicia. Debemos ingresar en las profundidades más escabrosas, atormentarnos un buen rato, aun sin perder el sentido del humor, para comprender que necesitamos mudar de piel y reinventarnos un cuerpo nuevo, propio y colectivo. Una lengua poética procaz es capaz de entregarnos imágenes y sentidos palpables en torno a las contradicciones más profundas del amor y la sexualidad, sus cimientos erráticos, los celos, la rabia, el abuso, la tortura, el sometimiento del que muchas mujeres y disidencias aún son víctimas, a pesar del empoderamiento sexual.

Esta escritura es también un ejercicio de sobrevivencia, que encuentra en la no resistencia, en el no ocultamiento, en la no autocensura una forma de pervivir, de sobreponerse a la brutalidad de la pulsión masculina que arremete en diversos ámbitos de la vida de la autora y, por supuesto, en el contexto poético en el que se desenvuelve . Crea una poética donde se encuentran y se escuchan diversidad de voces, desde la exhibición de sus experiencias desgarradoras hasta sus ritos de sanación que podrían desbaratar lo que Rita Segato llama la pedagogía de la crueldad. La voz poética se multiplica y hace del acto de desidia sexual un espectáculo, algo cercano a la postpornografía, pero más cercano a la terapia de reconocimiento de aquello que nos aplasta y nos asfixia. Un método de denuncia y que por lo tanto aspira a una reparación que va de la mano de la reinvención permanente de un cuerpo, de un nombre, de un personaje, de un género, de una vida en los márgenes de la autoficción.

Avanzado en este proceso de sanación el verbo se libera del trauma y se vuelve hacia el cuerpo colectivo, hacia la conciencia política del ser y el estar en el aquí y el ahora haciendo arte, rebelde y comprometida: constructiva y solidaria.

En este tránsito, observamos una poética que devuelve el valor a la experiencia fronteriza, reconectando los mundos y abriendo nuevos caminos de libertad a la expresión artística.¡

Caminos que abren perspectivas de un lenguajear que nos va permitiendo construir nuevas experiencias y comprensiones en torno al amor, los cuerpos, el territorio, logrando ampliar el campo de la literatura, estragando con fuerza la impuesta, y al fin, ya deshauciada tradición patriarcal.

Imprescindible anunciar la significación de las fotografías que integran la obra de Eli Neira reunida en este edición. Se trata de imágenes de performances que la autora ha realizado desde el año 2006, en un trabajo sostenido a través de la instalación de arte, la performance duracional, así como en la dirección de múltiples experiencias formativas a través de talleres, encuentros y de la gestión del espacio CasAcción que hoy persiste en el Puerto de Valparaíso.

Con esta ediciónn queremos dar cuenta de cómo la poética de Eli Neira ha construido discursos irruptivos a partir de ejercicios interdisciplinares donde los lenguajes de las artes visuales, en este caso, la fotografía, juegan un rol imprescindible en la construcción de un discurso complejo, que denuncia y enuncia las transformaciones necesarias a un mismo tiempo. En este sentido, constatamos cómo a través del arte contemporáneo nos reinventamos lenguajes que abordan diversas dimensiones de la existencia; tal como la artista cubana Ana Mendieta nos ilustrara tan claramente con sus obras, en los orígenes de la performance feminista latinoamericana.

Palabra e imagen denuncian las opresiones sobre el cuerpo de mujeres, disidencias y comunidades invisibilizadas en la búsqueda de su liberación, a través de la irreverencia sexual y el compromiso político y social. Búsqueda que da cuenta de las diferencias y complejidades que vivimos en las sociedades contemporáneas.

La invitación es a ser valientes, a tener sentido del humor y sobre todo a comprender las transformaciones que sugiere Eli Neira en los distintos niveles de la vida individual y social como parte del camino que necesitamos recorrer en tiempos de caos e incertidumbre.


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