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Presentación "Viento Sur. Poesía en territorios compartidos"

Este texto fue escrito por Mariela Ramírez y Katherine Sanzana, estudiantes de Pedagogía de Español de la UdeC.


“Viento Sur” es una compilación de poemas que abarca temas que van desde lo cotidiano de vivencias de mujeres hasta experiencias de violencia, en el que encontramos reunidas a siete poetas: Noelia Figueroa, Alejandra Ziebretch, Damsi Figueroa, Camila Varas, Nely González, María Teresa Torres y Cecilia Rubio, quienes abarcan un lapso de producción desde los años 80 hasta hoy.

Los trabajos reunidos en esta antología son codificados de manera mixta en la que se mezclan palabras e imágenes, estas últimas no se ordenan aleatoriamente sino que cada una de las ilustraciones configura un sentido determinado. Se funde la articulación entre poética e imagen, transgrediendo la estructura tradicional, por lo que todo el libro es una renovación y una revolución. En esta compilación se unen también verso, prosa, poemas gráficos e imágenes, fusión que representa la búsqueda de libertad e identificación de cada una de las autoras y con cada uno de los lectores. Así es como la escritura hace posible transgredir los límites de todo lo que creemos posible.

El viaje que supone la lectura de los poemas nos invita a las puertas de “Viento Sur”, las que se abren de par en par, llamándonos a oír, comprender e incluirnos en la identificación perseguida en cada línea de este poemario. Tal como mencionó una de las autoras, la obra funciona como un “rompecabezas de piedras cuadradas” al estilo de Rayuela: sin importar donde ubiquemos las piezas o desde qué punto comencemos su lectura, aunque se transfigura, no se perderá la esencia de sus palabras, pues cualquiera sea el punto desde donde se hable se hace en nombre de una colectividad.

Desde las primeras páginas, el poemario nos sumerge en un discurso compuesto por una multiplicidad de voces. Se deja atrás una voz única para dar paso a una voz colectiva y plural, conformada a lo largo de los años y representadas por estas siete autoras. Así es como se nos invita a unirnos y ser parte de esta pluralidad de voces, hablando desde un lugar compartido pues se conecta con nuestras aun sangrantes raíces y con el silencio de nuestros pesares guardados por siglos.

En la obra hay una revelación de lo “no-dicho”: la censura de lo cotidiano femenino y la violación marcada, tanto a los cuerpos femeninos como a la tierra, es decir, nuestras raíces. Indígena y mujer, unidos en el dolor que padecen bajo un puño patriarcal, machista y capitalista que los aplasta sienten cansancio provocado por el peso de la mirada, por una herida que sangra, por los gritos silenciados… hoy esa sangre derramada y silenciada quiere ser oída.

Sí, no somos hombres, no somos lo que “algunos” consideran el poder, y no somos blancos, dirán la mujer y el indígena, pero el grito de estos poemas busca hacer audible lo que, por tanto tiempo, se ha silenciado por otros deliberadamente. Sí, las venas sangrantes de nuestras raíces están más abiertas hoy y además, más fuertes que nunca.

Entonces… ¿Qué es Viento Sur?

Es una antología en la que nos sumergimos sin darnos cuenta pues se trata de sus autoras, de mí, de ti, de todos. Es un grito compuesto de ira, cansancio de la objetivación del cuerpo, resistencia a la mirada opresora y también es invitación e integración esta colectiva voz.

Son estos gritos los que acarrea el “viento del sur” que atraviesa una convergencia de territorios heridos que busca cicatrizar. No es un grito débil y doloroso sino uno fuerte y lleno de vida, es un grito que nos contagia de energía pues tiene toda la fuerza para hacerse oír desde cada lugar herido dentro de nosotros.

Los poemas iluminan, liberan, descolonizan y repiensan las ataduras hechas desde los colonialismos que cargamos con dolor, con rabia y con denigrantes consecuencias; todas en silencio, porque se decidió, sin que pudiéramos opinar, que no teníamos derecho a hablar. Hoy esos gritos acallados se enaltecen para ser oídos y la obra los convierte en una polifonía de voces expresada a los largo de estas páginas, la que nos invita a crear consciencia, como lectores, para juntos alcanzar un nuevo tipo de libertad, una libertad jamás antes conocida.

Viento Sur, es un vendaval, en donde cada una de las siete poetas se transmuta en una corriente que penetra por las ventanas de nuestra alma y nos revuelve la casa entre sus encuentros y desencuentros, se agitan las cortinas y la puerta, se caen los adornos de la abuela y vuelan los mantelitos tejidos a crochet, y todo lo que nos constituye se viene abajo y se reconstruye al mismo tiempo. Un viento, siete vientos, todos los vientos del mundo, silbando una melodía de gritos y silencios.

El libro es un rompecabezas, en donde todas la piezas encajan y a la vez se intercambian de lugar en lecturas infinitas, que son acompañadas de fotografías, que a su vez son trozos de poesía visual… y en su conjunto, el poemario, ofrece imágenes, olores y sabores, que alimentan la imaginación del lector y lo transportan rápidamente de lugar en lugar… repitiendo frenéticamente: “barro, tierra estiércol, culebras, agua, plata, oro, mandala, estrella, viento”. NATURALEZA.

Porque, en su totalidad, Viento Sur es naturaleza, que más temprano que tarde cobra sus servicios: “ocho caballos, la barraca, un amigo, tres parientes y su pequeña”; y mientras la mar nos arranca el corazón de cuajo, es inevitable dejar escapar una tímida lágrima de auténtico dolor, porque, en menor o mayor medida, a todos la mar nos arranca el corazón.

Además, este libro está cargado de costumbres, de identificación (soy Selk’nam), de esquemas que se desploman, desmitificación y, por qué no decirlo, de mujeres voladoras. Cargado de cuerpos de mujeres desnudas, del suyo, del mío, de todas, de pechos que amamantan, de seres arrebatados, de gritos ahogados, de manos que aprietan el cuello, tan fuerte, tan fuerte, que ya no soy lectora, sino que soy cisne de cuello negro. Y me pongo a la fila de la extinción, “como el animal sin identidad que soy”, a esperar ver mi sangre brotar de entre las piedras.

Siete mujeres pueden hablar por una y por todas, siete voces constituyendo un grito y un silencio, que a su vez constituye siete gritos y siete silencios y muchos más… Noelias, Alejandras, Damsis, Camilas, Nellys, Marías Teresas y Cecilias son los nombres que hoy pronunciamos, son los nombres que hoy van por las sin nombre.

Estas poetas nos hablan a partir de la costumbre, del lenguaje de las olas, de las tierras raras, de este cuerpo y de otros, de los terrores nocturnos, del animal y de la hija menor; tal ves sería más correcto dirigirme a ellas a través de estos nombre, que las signan en el poemario, que las ordenan y las entrelazan en su orden sugerido.

Viento sur, nos permite embriagarnos de la poesía sangrante, reflexiva y critica, dejando atrás la mirada plenamente inocente y tomando la libertad del verso para hacerlo propio, para convertir esos poemas en nuestros. La poesía de este vendaval es colectiva, universal e intima, tan intima que es posible encontrarnos con el hablante a corazón abierto y saber que es él/ella, yo, nosotras, la humanidad completa abrazada, atravesada, envuelta por el Viento Sur.



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